[ Casos de uso ]

Pagamos por cada contacto que entra y luego los llamamos a todos igual

Por Diego Páez · Actualizado el

Convertimos la primera respuesta automática en una pregunta. Quien deja sus datos en un anuncio de pago recibe al momento un correo que no le cuenta nada del negocio: le pide dos cosas, por qué se ha dirigido a nosotros y por qué deberíamos elegirle a él. En paralelo, el equipo recibe el aviso con sus datos.

Lo que cambió es en qué punto empieza la selección. Antes empezaba en la llamada: alguien marcaba un número frío y averiguaba en tres minutos si esa persona encajaba. Ahora empieza antes de que nadie descuelgue, y la hace la propia persona al decidir si contesta. El caso concreto era una campaña de contratación —los contactos eran candidatos a un puesto—, pero el mecanismo es el mismo cuando lo que compras son clientes potenciales.

¿Por qué un contacto por el que has pagado llega tan vacío?

Porque los anuncios con formulario están diseñados para que sea facilísimo dejar los datos. Esa es su virtud y ese es el problema. Cuanto menos pides, más gente te lo da y más barato te sale cada contacto. Pero lo que consigues es un nombre, un correo y un teléfono, y ni una pista sobre por qué esa persona levantó la mano. Puede estar muy interesada o haber pulsado sin leer. Los dos casos llegan idénticos a tu bandeja.

Y ahí se rompe la cuenta. Todo el mundo mide lo que cuesta cada contacto, porque es el número que sale en el panel del anuncio. Casi nadie mide lo que cuesta procesar cada contacto: tiempo de alguien de tu equipo llamando, dejando mensajes, volviendo a llamar. Ese coste no aparece en ningún panel, se paga en horas, y con contactos indiferenciados se paga por igual en los buenos y en los que nunca iban a llegar a nada. Puedes tener una campaña barata por contacto y ruinosa por resultado, y el panel te seguirá diciendo que va bien.

Ampliar la plantilla no cambia la aritmética, solo la reparte. Si tres de cada cuatro contactos no van a ninguna parte, poner a otra persona a llamar significa que ahora son dos las que gastan el día en conversaciones estériles. Lo único que cambia el resultado es reducir esa proporción antes.

La tentación evidente —pedir más datos en el formulario— hace lo contrario de lo que parece: encarece cada contacto y no filtra por lo que importa, porque rellenar tres campos más demuestra paciencia, no interés. Le pasa a cualquiera que compre contactos: campañas de captación, portales de anuncios, comparadores, y también procesos de selección con mucho volumen.

¿Qué hace el sistema y qué se deja siempre a una persona?

Recoge los datos del anuncio en cuanto llegan, avisa al equipo con el contacto completo y responde a la persona con un mensaje breve que le hace dos preguntas abiertas. El tono importa tanto como las preguntas: deja claro que se busca una respuesta corta y que si la cosa no encaja tampoco pasa nada. Eso baja la barrera para contestar y también para no contestar, que es justo lo que se busca.

Lo que no hace es puntuar a nadie, ni descartar a nadie, ni decidir a quién se llama. No lee las respuestas ni las clasifica: se limita a provocar que existan. Cuando lo que está en juego es una candidatura o una venta, el criterio tiene que tener un responsable con nombre.

Un aprendizaje que vale para cualquier proyecto de IA

La primera versión de ese correo era la que escribe todo el mundo: gracias por tu interés, esto es lo que hacemos, en breve te contactamos.

El cambio que lo hizo útil fue dejar de dar información y empezar a pedirla. Una respuesta automática que informa consume la atención de la persona en el único momento en que la tienes al máximo, y no te devuelve nada. Una que pregunta convierte ese momento en datos que no tenías, y deja que la gente se seleccione sola: quien no contesta te ha dicho algo, y gratis. Cuando montes tu primer mensaje automático, no pienses qué quieres contarle a esa persona; piensa qué necesitas saber de ella.

¿A quién le sirve esto y a quién no todavía?

Tiene sentido si pagas por conseguir contactos, si llegan con poca información y si alguien de tu equipo dedica horas a cribarlos por teléfono. Cuanto más caro sea el tiempo de quien llama, antes lo notas.

No tiene sentido todavía si tu volumen es tan bajo que llamar a todos cuesta menos que montar nada. Tampoco si tus contactos ya llegan cualificados: ahí el filtro está resuelto y añadir un paso solo enfría lo que estaba caliente.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto cuesta montar algo así?
Es de los proyectos más baratos que hay. El trabajo de verdad no es técnico: es acertar con las dos preguntas y con el tono del mensaje.
¿Cuánto tarda en estar operativo?
Días. Lo que conviene no acelerar es la redacción del correo, que es lo único que determina si la gente contesta.
¿Y si no contesta casi nadie?
Entonces ya sabes algo importante, y sin gastar horas de teléfono. Si la proporción es muy baja de forma sostenida, el problema está en el anuncio o en el público al que llega.
¿Sustituye a quien hace la selección o la venta?
No. Le llega la misma persona, pero habiendo dicho ya con sus palabras qué la ha traído hasta aquí.

Si sabes lo que te cuesta cada contacto pero no lo que te cuesta llamar a los que no iban a ninguna parte, ese segundo número es el que decide si tu campaña sale a cuenta. Escríbenos y lo miramos juntos.

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