[ Casos de uso ]

Damos de alta a los clientes a mano, y encima mientras los estamos atendiendo

Por Diego Páez · Actualizado el

Sustituimos el alta manual por un formulario que el cliente rellena en su propio móvil, leyendo un código en el mostrador. Sus datos personales, la modalidad que contrata, la forma de pago, la cuenta para la domiciliación y la aceptación del aviso de privacidad viajan directamente al sistema de gestión del negocio, ya ordenados y sin que nadie los teclee.

Lo que cambió es quién escribe cada dato. Antes lo escribía un empleado, deprisa, en medio de una conversación, copiando de un papel o de lo que le iban dictando. Ahora lo escribe el titular de esos datos, sin prisa, en su propia pantalla. Parece un cambio pequeño y no lo es: la mayoría de los errores de un alta no son errores de criterio, son errores de transcripción, y la transcripción desapareció.

¿Por qué el alta de un cliente es el punto más frágil de un negocio con mostrador?

Porque coincide con el peor momento posible. El alta ocurre cuando alguien acaba de decidir que compra, que es justo cuando hay que atenderle bien, resolverle las últimas dudas y hacerle sentir que ha acertado. Y en ese mismo momento le pides a la persona que le está atendiendo que haga de operador de entrada de datos: nombre, apellidos, teléfono, correo, modalidad, número de cuenta. Con alguien delante esperando y, muchas veces, con otra persona esperando detrás.

Nadie hace bien dos cosas a la vez, y menos cuando una de ellas es copiar veinte caracteres seguidos sin equivocarse. Por eso los fallos se concentran ahí. Y no todos cuestan lo mismo. Un apellido mal escrito es una molestia. Un correo mal escrito es un cliente que nunca recibe nada y no sabe por qué. Un número de cuenta con un dígito cambiado es un recibo devuelto semanas después, cuando ya nadie recuerda el alta: hay que localizar a esa persona, explicarle que le vais a volver a cobrar y pedirle otra vez sus datos bancarios. Pagará, probablemente, pero la buena impresión que te habías ganado se ha gastado ahí.

Hay un coste que se ve todavía menos: el consentimiento. En un alta en papel, la casilla se firma y el papel se guarda en un cajón. Si mañana alguien pregunta cuándo aceptó esa persona vuestro aviso de privacidad, la respuesta está en una carpeta, si es que sigue estando.

Contratar a más gente tampoco es la salida. El problema no es que falten manos: es que el dato nace mal. Poner a otra persona a teclear altas añade un turno más en el que se pueden cometer los mismos errores, y añade una copia más del dato. Lo único que reduce de verdad los errores de transcripción es que no haya transcripción. Le pasa a cualquier negocio que dé de alta clientes en persona: gimnasios, academias, clínicas, talleres, agencias.

¿Qué hace el sistema y qué se deja siempre a una persona?

Recoge el alta completa desde el móvil del cliente y la entrega a la vez en dos sitios: al sistema de gestión, con cada campo en su lugar, y al equipo del centro, como una ficha ordenada. La aceptación del aviso de privacidad se guarda con su marca de tiempo, sin depender de ningún papel.

Lo que no hace es vender ni aconsejar. Qué modalidad le conviene a esa persona y cómo se le recibe el primer día es trabajo del equipo. El sistema empieza cuando la decisión ya está tomada.

Un aprendizaje que vale para cualquier proyecto de IA

En este caso se planteó primero lo contrario: montar un aviso que detectara altas con datos incompletos o con la cuenta mal formada, para corregirlas después.

Habría funcionado, y habría sido peor. Un sistema que corrige errores da por hecho que los errores van a seguir ocurriendo, y añade un trabajo nuevo —revisar avisos— a un equipo que ya iba justo. Cuando puedas elegir entre automatizar la captura de un dato o automatizar su corrección, elige siempre la captura. Cada error que evitas en el origen te ahorra todas las revisiones y todas las conversaciones incómodas que ese error habría provocado después.

¿A quién le sirve esto y a quién no todavía?

Tiene sentido si das de alta clientes en persona, si en ese alta hay datos que duelen si se escriben mal — bancarios, de contacto, de identificación— y si hoy alguien de tu equipo los teclea. Cuanto más ocupado esté el mostrador, más lo notarás.

No tiene sentido todavía si tu sistema de gestión no admite datos desde fuera: entonces el trabajo previo es ese. Tampoco si das de alta a tres clientes al mes.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto cuesta montar algo así?
Es de los proyectos sencillos. Lo que marca el precio es cómo de accesible sea tu sistema de gestión, no el formulario.
¿Cuánto tarda en estar operativo?
Semanas. El tiempo se va en cuadrar cada campo con el campo correspondiente de tu sistema y en probar altas reales antes de abrirlo.
¿Es seguro pedir datos bancarios así?
Más que en papel: el dato viaja cifrado y no queda una hoja con un número de cuenta encima de una mesa. Aun así, quién puede verlos después es una decisión que hay que tomar de forma expresa.
¿Sustituye a la persona del mostrador?
No. Le devuelve la conversación: en vez de mirar una pantalla mientras el cliente espera, atiende al cliente mientras la pantalla se rellena sola.

Si alguien de tu equipo teclea hoy números de cuenta mientras atiende, ese error ya se ha producido alguna vez y lo has pagado en un recibo devuelto. Escríbenos y lo miramos juntos.

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